En la mañana del pasado 22 de marzo, el ajedrez volvió a latir con una energía especial en el corazón de Icod de los Vinos. El emblemático Centro Icodense, un espacio con historia, arraigado en la vida social del municipio desde hace más de un siglo y testigo silencioso de generaciones, acogió una jornada entrañable, de esas que dejan huella más allá de los tableros.

Allí se celebró una nueva cita de la liga sub 14, un proyecto joven pero cargado de sentido, impulsado por la Federación hace apenas tres años para dar respuesta a una necesidad real entre los federados más jóvenes: la de esos niños y niñas que sienten el ajedrez, que lo viven con ilusión, pero para quienes la Liga por Equipos aún resulta un reto demasiado grande. Este espacio nace precisamente para ellos, como un puente amable, un primer escenario donde crecer sin presión, donde equivocarse también forma parte del aprendizaje.

Seis equipos, seis pequeños universos llenos de nervios, sonrisas tímidas y miradas concentradas, se dieron cita en un ambiente cuidado, cercano, casi familiar. Se respiraba compañerismo, respeto y ese cosquilleo tan especial que solo aparece cuando se mezclan la ilusión y las ganas de hacerlo bien. No era solo competir: era descubrir, compartir, empezar a sentirse parte de algo.

Esta liga se ha convertido, poco a poco, en un refugio y a la vez en un trampolín para la cantera tinerfeña que viene empujando con fuerza. También es una oportunidad valiosa para los clubes, que pueden probar a sus nuevas y vivarachas licencias en un entorno más humano, más comprensivo, donde cada movimiento cuenta, pero cada sonrisa importa aún más.

En lo deportivo, la jornada dejó una clasificación que refleja que hay trabajo detrás por parte de los clubes participantes.

El equipo Caissa Enroque Siglo XXI se alzó con el primer puesto, sumando 17 puntos, le siguió Al Shah Mat Los Realejos F, con 14,5 puntos y cerró el podio el Centro Icodense A, con 11,5 puntos.

CAISSA ENROQUE SIGLO XXI A
AL SHAH MAT LOS REALEJOS F
CENTRO ICODENSE A

Pero más allá de los números, lo que realmente quedó fue la sensación de estar construyendo algo bonito. Algo que no se mide en puntos, sino en experiencias, en aprendizaje y en ese brillo en los ojos de quienes empiezan a amar el ajedrez. Porque al final, en mañanas como esta, lo importante no es solo quién gana, sino todo lo que crece alrededor del tablero.

Por fta_admin

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